Febrero, el mes del amor, suele centrarse frecuentemente en las relaciones de amistad y pareja. Sin embargo, existe un vínculo profundo y cotidiano que muchas veces queda fuera de la conversación: el que se conforma día a día entre las personas y sus animales de compañía. Un amor silencioso, constante y sin condiciones, que acompaña rutinas, sostiene emocionalmente y deja una huella que permanece incluso cuando la vida compartida llega a su fin.
Ese vínculo se manifiesta con distintas especies: perros, gatos, aves, roedores, reptiles o pequeños mamíferos que forman parte del núcleo familiar. Esta realidad se refleja también en los datos: de acuerdo con la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (ENBIARE) 2021 del INEGI, cerca del 70 % de los hogares en México convive con al menos un animal de compañía, lo que confirma la centralidad de estos lazos afectivos en la vida cotidiana.
Las mascotas no solo ocupan un lugar físico en casa, sino un espacio emocional. Están presentes en momentos de calma, de transición y de vulnerabilidad. Por ello, cuando parten, no solo se pierde a un animal, sino a un compañero de vida que formó parte activa de la historia personal y familiar. Reconocer ese amor es parte de una relación responsable y consciente.
“El amor que compartimos con una mascota no desaparece cuando se va; se transforma en memoria, en gratitud y en la huella que dejó en nuestra vida diaria” , señala Adrián Rodríguez-Granada, General Manager de Pets in the Sky. Desde su experiencia acompañando a miles de familias, destaca que honrar ese vínculo implica también pensar con tiempo en cómo acompañarlo hasta el final, sin improvisación ni decisiones tomadas desde la urgencia emocional.
Esa transformación del amor también se vive desde el respaldo a las familias que han atravesado una despedida consciente. “Despedirme de Valentina fue uno de los momentos más difíciles, pero hacerlo con calma y respeto me permitió entender que el amor no se acaba ahí. Poder acompañarla hasta el final y despedirla con dignidad me ayudó a recordarla desde la gratitud y no solo desde el dolor” , comparte Betsy Madrid, tutora de Valentina, quien atravesó el proceso de despedida de su mascota.
Hablar de amor también supone hablar de cuidado y previsión. Anticipar cómo despedir a una mascota no responde al miedo, sino al compromiso afectivo con quien ha sido parte de la familia. Contar con información y claridad permite que, llegado el momento inevitable, la atención se centre en el recuerdo y el agradecimiento, y no en resolver cuestiones económicas en medio del dolor.
“Cuando existe claridad y acompañamiento, la despedida se vive con mayor serenidad y respeto por la historia compartida” , añade Rodríguez-Granada. De esta forma, la despedida digna se convierte en una extensión natural del amor vivido: coherente, íntima y consciente.
En un mes dedicado a celebrar el amor en todas sus expresiones, reconocer el vínculo humano-animal invita a ampliar la mirada. Amar también es cuidar hasta el final, honrar la vida compartida y permitir que el recuerdo permanezca desde un lugar de paz. Porque el amor verdadero no termina con la ausencia; encuentra nuevas formas de permanecer.



