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Sueño y lactancia materna, un vínculo natural

Sueño y lactancia materna, un vínculo natural

Pluma invitada: Dra. Guadalupe Terán

¿Hasta cuándo dormirá mi bebé toda la noche?, ¿será que mi leche no lo llena?, ¿se queda con hambre por la noche?, ¿por qué despierta tantas veces? Estas son algunas de las preguntas que se hacen con frecuencia las mamás primerizas con respecto al sueño, siendo la mayoría inquietudes genuinas que le hacen dudar sobre los cuidados básicos de un recién nacido.

Lo primero que les explico es que los despertares cada determinado número de horas son completamente normales para un bebé de pocos días de nacido y que, aunque parezca que la leche materna no es suficiente, sucede todo lo contrario. Vamos por partes.

“Dormir de corrido” llaman con frecuencia a la habilidad de dormir toda la noche sin despertares, o al menos despertares que los padres puedan notar. Los bebés de manera natural despertarán en múltiples ocasiones durante la noche, ya que en los primeros meses de vida sus ciclos de sueño duran entre 45 y 60 minutos y pueden despertar al término de este, lo que puede poner en estrés a los papás que despertarán el mismo número de veces, pues generalmente necesitarán comer.

Es por esta razón que en muchas ocasiones los ginecólogos o pediatras recomiendan sustituir la leche materna por fórmulas lácteas que den mayor sensación de saciedad y hagan que los bebés duerman toda la noche. Sin embargo, es importante recordar que la leche materna contiene todos los nutrientes que el bebé necesita y aporta la cantidad de carbohidratos, grasas y proteínas que su cuerpo requiere y en las cantidades precisas, aunque esto implique que en las primeras semanas de vida requiera comer varias veces, pues su estómago es muy pequeño y su digestión rápida, haciendo que el sueño sea más fragmentado, aunque no por eso menos profundo.

Mantener esta práctica además ayudará a que la lactancia perdure por más tiempo pues la estimulación constante durante la noche ayuda a producir la cantidad de leche suficiente para alimentar bien al bebé.

Al ser amamantado, el menor tendrá un sueño más profundo pues al mantener el contacto piel con piel los ritmos de actividad se sincronizan, se regula la temperatura corporal y se secretan hormonas que ayudan a mantener un sueño profundo, a pesar de los múltiples despertares.

Por otro lado, la práctica de la lactancia ayuda a fortalecer los músculos de la orofaringe, que se relacionan con la deglución, el lenguaje y la respiración. Esta practica favorece la respiración adecuada y disminuye el riesgo de ronquido en la infancia.

La lactancia también ayudará al bebé a fortalecer sus defensas, haciendo que se desarrollen menos enfermedades, tanto respiratorias como gastrointestinales y disminuye el riesgo de alergias.

Pero la lactancia no solamente favorece al bebé, sino que también protege a la madre de enfermedades cardiovasculares y disminuye el riesgo de cáncer de mama.

La practica de amamantar debe promoverse desde diferentes áreas de la salud, incluyendo la de la medicina de sueño pues, como ya lo platicamos aquí, la lactancia y el sueño tienen una relación única llena de beneficios.

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