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Cronista de mil batallas, desmenuza el 11 ideal

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Cronista de mil batallas, abre su corazón y su libreta para armar el once ideal de la Selección Mexicana que llevaría tatuado en el alma: No el de los algoritmos, sino el de quien ha vivido cada Mundial desde la radio de su abuelo hasta las pantallas 8K.

Francisco Javier Sánchez, “Fajasa”, afirma durante su charla: Yo no armo onces para ganar debates en redes. Yo armo onces para dormir tranquilo.

Después de 44 años de experiencia en el periodismo y gritando goles, llorando eliminaciones y abrazando extraños en estadios, aquí está el equipo que me ha acompañado toda la vida. El que pondría mañana mismo si México jugara la final del mundo y me dejaran elegir a los míos.

Bajo los tres palos no hay discusión: Antonio “Tota” Carvajal y Jorge Campos, “mitad y mitad”. Uno es la dignidad, el otro la locura. Carvajal porque a los 41 años paró lo imparable en Suiza 54; Campos porque nadie ha vestido la camiseta como él, como si fuera un superhéroe que se escapó del cómic. Los dos juntos, porque en México siempre hemos sido así: respeto y desmother.

Lateral derecho: Salvador Carmona, el que nunca se rendía aunque le pegaran en la marca como si fuera piñata. Centrales: Claudio Suárez, el Emperador, y Rafael Márquez, el Kaiser.

Pero no los dejo solos. Meto de tercer central a Gustavo “halcón” Peña, ese guerrero olvidado que se entregaba en cada partido, como si le fuera la vida. Y en el mediocampo de contención, Ramón Ramírez, el tipo que corría por tres y todavía tenía pierna para meterle un riflazo de 30 metros.

En el medio, donde se gana o se pierde todo, pongo a Alberto García Aspe. Punto. Capitán en dos Mundiales, titular en tres. El primer mexicano que metió gol en dos Copas del Mundo distintas (1994 y 1998).

Ni Hugo, ni Cuauh, ni nadie. García Aspe fue el primero. Y lo acompaño con Andrés Guardado, el abuelo eterno, 180 partidos con la camiseta, el que nunca se cansó de correr por este país.

A la izquierda, Manuel Negrete y su tijera a Bulgaria. Todavía me pongo de pie cuando la veo. La FIFA la puso a votación y el mundo dijo: Es el gol más hermoso de la historia de los Mundiales. Y Manolo lo hizo con la nuestra. También metería a Tomás Boy, el indisciplinado, quien traía el balón cosido en los pies.

Y arriba… me pongo romántico. Nada de 4-3-3 moderno. Yo juego 4-4-2 como Dios manda. Jared Borgetti y Javier Hernández. Los dos máximos goleadores históricos de la Selección. Borgetti con sus cabezazos que parecían misiles tierra-aire. Chicharito con goles en tres Mundiales distintos, algo que muy pocos mortales han logrado.

Este es mi equipo. No es el de FIFA, ni el de los influencers, ni el de los que nacieron en 2005. Es el equipo que me ha hecho levantarme a las 4 de la mañana, el que me ha hecho abrazar a mi papá cuando México y avanzó un poco en el mundial 1986, el que me ha hecho llorar cuando nos eliminan. Es el equipo que me ha dado 44 años de vida periodística.

Y si mañana jugamos otra vez, yo los volvería a poner a todos. Sin dudarlo. Porque el fútbol es sentimiento y avanzar lo más que se pueda.

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